«Roy H. Glover» no es un disco sobre Calama: es Calama misma, reconstruida desde el sampleo, el olvido y la nostalgia de quien creció lejos del centro.
A mediados de 2003, el hospital Roy H. Glover, ubicado en el antiguo campamento minero de Chuquicamata, terminó su lenta agonía de traslado de personal y quedó totalmente desocupado. Una institución que sirvió por cuatro décadas a la comunidad había dicho adiós.

Como un hecho que no se ha podido verificar, pero que llama la atención: en las vísperas de Navidad existía la tradición de instalar y encender una estrella de Belén. En las festividades del 2001 no se encendió, ya nada quedaba adentro. Sin embargo, según comentaron algunos guardias de la cuprífera, esa estrella volvió a brillar en las vísperas del 2002, por casi diez minutos (Calama en Línea, 2021).
Sea verdad o no, parece un simbolismo muy marcado tanto del hospital como de la zona en sí: el brillo fugaz de una estructura abandonada y enterrada. Son historias que mantienen vigente el misticismo y la existencia de sus comunidades, como también lo hace el mapa sonoro.
“Roy H. Glover” es el primer disco de Juanalf, lanzado durante este año. Una obra que tiene como base el trip hop y el plunderphonics, tomando elementos del sound collage.
A través de 16 canciones, el resultado termina bailando entre grabaciones y ecos de otra época. Aunque no sea una referencia directa a Calama, funciona como mapa sonoro, aunque no nació con esa intención inicial.
Al principio se trataba de mezclar música latina con hip hop o drum and bass. El nacido y criado en Calama, ahora en Santiago, se puso a buscar material de su ciudad en internet, para ver cuánta información había, qué tanto podías saber desde la capital.
Como explica su autor, la historia del hospital Roy H. Glover, sepultado bajo las montañas que se expandieron de ripio gracias a la actividad minera, es un buen emblema. Hablamos del hospital más tecnológico de Sudamérica en su tiempo, que hoy yace enterrado en un pueblo fantasma que nadie habita.
El arte sonoro y la música experimental pueden resignificar territorios explotados por el capitalismo y la minería, visibilizando lo oculto y devolviendo la narrativa a quienes la habitaron (Degradi, 2025). Bajo esa mirada, es posible enfrentarse a paisajes sonoros en Hi-Fi y Lo-Fi, este último es el más adecuado al disco: una sobrecarga industrial que enmascara el entorno y transforma esos sonidos en atmósfera artística. No se usan estos elementos para aturdir, sino para diseñar, desde fragmentos aparentemente inconexos, un mapa afectivo construido desde la saturación y el aislamiento.
Se podría decir, con las palabras de su autor, que el disco es un reflejo de lo que es Calama hoy: mucha gente de allá teme sufrir el mismo destino que Chuquicamata. Hablamos de un mapa sonoro que mantiene y resignifica el entorno para preservar la memoria.
No hay que irse muy lejos para encontrar ejemplos. Según Arosteguy en “Territorio y música, un diálogo, múltiples ecos”, Floriano Romano llevó a cabo una instalación con 20 cabinas telefónicas reproduciendo fragmentos sonoros de distintas ciudades en Río de Janeiro en el 2012. Recopiló “basura sonora” (tráfico, metro, plazas) para construir una metrópolis híbrida imaginaria (Arosteguy, 2020).

Al final, mientras se conformaba el proyecto, las intenciones de Juanalf terminaron desembocando en un álbum con el que las personas se sintieran identificadas: rescatar mediante el sonido algo de la cultura del norte.
Entre sus referencias, al consultar con Juan, aparece el “Endtroducing” de DJ Shadow. Estando de vacaciones en Calama, lo encontró en una tienda de cachureos. Hizo clic: la construcción de un disco instrumental y sampleado que construyera la sensación de una ciudad entera.
El método de DJ Shadow consiste en tomar grandes momentos de música olvidada u oscura y darles un nuevo contexto: un disco instructivo de batería del 74, un LP de una banda escolar de los sesenta (NPR Radio, 2012). La idea tomó el curso de una película sonora. De a poco fueron entrando elementos radiales, programas de televisión encontrados en YouTube, incluso trabajos de estudiantes de Calama. Todo bajo el filtro del olvido: un lugar lejano, algo contaminado, algo abandonado.
El plunderphonics funciona muy bien para este tipo de trabajos, porque no usa los samples como texturas irreconocibles, sino que los sitúa en primer plano como materiales plenamente reconocibles: comerciales, éxitos de la radio. El sample es sujeto de narración, no un ornamento (Melodigging).
“Allá en Calama está el tema del comercio ambulante. Mi misma mamá es comerciante ambulante, entonces para mí igual es muy significativo. Gracias a la vida minera hay harta prostitución, hay harta historia nocturna. Y bueno, también está el tema de los alienígenas, porque hay observatorios para ver el espacio. Entonces era mezclar un poco eso, y quizás no hacerlo tan entendible, pero sí que tuviera un toque narrativo”.
No he estado en el norte, pero al escuchar el disco pude sentirme en otro espacio. No eres turista: es un viaje inmersivo que aprovecha sus cualidades sonoras para adentrarte en la propuesta del artista.
Revisando comentarios en internet, personas de Calama sí sienten esa conexión y esa nostalgia por sus tierras. Y creo que ahí reside el poder de obras como “Roy H. Glover”: además de funcionar bien como disco de sampleo, opera como un emblema que parece brillar en lo oscuro de la historia, igual que la estrella de Belén en medio del desierto.

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