Dejar atrás el folk íntimo para abrazar el synth pop, coqueteos con reggaetón y hasta referencias de Evangelion no fue solo un cambio estético, sino un proceso de terapia.
Pop urbano con influencias de reggaetón para hablar sobre vínculos actuales, exclusividad emocional y el derecho a decir «esto no es para mí» sin culpa.
Un single y videoclip que celebran la masculinidad trans y no binaria desde la pista de baile, transformando el insulto en identidad y el deseo en manifiesto.