Entre el post-rock y el spoken word, teodioteodio propone un arte oral vivo, imperfecto y humano, que además sirve de puerta de vuelta a un género que muchos creíamos ajeno.
He sido ajeno a la poesía desde niño por una mala experiencia en el liceo, ya que en pleno examen de lenguaje se me dijo que no servía para esto. Eso marcó la distancia con el género literario. Creo que he leído un solo poemario de Parra y otro de Zurita. La poesía siempre me pareció una disciplina reservada para algunos, así que en cuarto medio decidí refugiarme en la escucha de música.
Doce años después, “Lejos de México” de teodioteodio me chocó, porque despertó algo que estaba perdido. Pero ¿qué diferencia a la música de la poesía, más allá de los conceptos tradicionales de ambas disciplinas?, y ¿por qué “Echaremos el Cielo Abajo a Patadas” se siente como una puerta a un mundo tan enigmático como pasional?
Formado en 2022, este sexteto integrado por Felipe Baraona, Francisco Ortúzar, Vicente González, Tomás Alvear, Pedro Krebs y Diego Álvarez se ha posicionado dentro del circuito gracias a su puesta en escena, que ocupa los recursos de la palabra hablada por encima de instrumentales caóticas.
teodioteodio parece ser la veta humana que, sin querer, muestra (como tantas otras propuestas) el desafío de lo pasional frente a lo algorítmico. No quiero que se malentienda, no es un trabajo descuidado, de hecho es todo lo contrario. Muestra dedicación, muestra pasión, y hay un trabajo detrás de todo lo que hemos escuchado.
Hablo de canciones largas, con una carga poética que se ha mencionado decenas de veces, y atmósferas densas que también invitan al abrazo en comunidad, a respirar, a darse espacios de descanso. Por eso digo que es contra algorítmico.

En lo musical, la banda domina una atmósfera atrapante y expansiva que recuerda a los referentes clásicos del post-rock, mientras que las letras de su vocalista parecen estallar en escena y caen como un peso muerto sobre nuestros hombros.
El post-rock es un subgénero que se desarrolló a mediados de los 90. Simon Reynolds, quien bautizó el género, describió el sonido de intérpretes que usaban los instrumentos clásicos del rock, pero incorporaban armonías, timbres y progresiones que le daban un nuevo giro a la escena musical (Irad León, Tierra Adentro). Este estilo proyecta instantes, momentos, historias; su sonido puede generar imágenes según el ritmo y la velocidad de la canción.
En la película “28 Days Later”, Danny Boyle incluyó en una escena el segundo movimiento de “East Hastings”, de Godspeed You! Black Emperor. De repente, lo inimaginable de la canción se hizo real en un momento de esa historia catastrófica que nos narraba el fin del mundo.
“Echaremos el Cielo Abajo a Patadas” es un disco que, a lo largo de sus ocho canciones, logra conectar y plasmar la vulnerabilidad de sus letras para volverla algo contagioso y empático, aprovechando además el potencial redescubierto del spoken word.
Leyendo para esta edición de BS, en la Revista Otra Parte, un artículo de Fernández Porta y Fernández Mallo, explican que el spoken word puede describirse como el género donde se fraguan de manera creativa todos los descontentos que tienen los artistas con el medio al que pertenecen.
Adentrarse en el spoken word es recitar, pero también escribir en directo. La escritura en tiempo real enfatiza tres rasgos de la creación literaria: el proceso, es decir, la escritura como un camino y no como un resultado; la respuesta, que vendría a ser la reacción del público en tiempo real; y el cuerpo, donde el escritor (o vocalista, en este caso) deja de ser una voz narrativa y su físico se convierte en un elemento estético. Lamentablemente no he podido ver a la banda en vivo, pero, viendo los registros, comprobé que lo que propone el texto citado es real (Fernández Porta y Fernández Mallo, 2013).
Revisando material de archivo, y las referencias de la banda, se puede notar un dejo de la cadencia de Jorge Tellier cuando el vocalista recita.
Lo que lo hace más cercano es la entrega pasional en cada canción, tanto a nivel de escritura como instrumental: voces etéreas que se elevan desde el fondo, la potente y admirable guía de la batería, cuerdas que parecen chocar entre ellas sin perder nunca del todo la armonía.
Esa cercanía se sigue nutriendo de sus géneros. Si nos vamos al origen, el spoken word es un movimiento poético que, al igual que el post-rock, también nació en los 90. Según sus protagonistas, el propósito era devolverle la poesía a la gente, dándola a conocer como un arte oral vivo. Es poesía sonora, rica en onomatopeyas, ritmos, entonaciones, texturas, inflexiones e impostaciones de voz, así como en acentos étnicos y regionales; inclusive cabe el espanglish (Paredes, 2005).
Por estas palabras y todo lo que he investigado, parece que escribo con la adrenalina infantil de por fin darle cuerpo a este texto, pero no quiero que se pierda la tesis central de todo esto. Amo este disco y amo lo que han propuesto los chicos, porque en primer lugar han dado espacio a las inseguridades y rabias de una generación, pero también han logrado que me reconecte con la poesía.

La poesía, como todo arte, tiende a elevarse hacia las élites y los grupos de nicho, pero creo en el bello proceso de devolverla a las personas, porque les pertenece, porque de ahí nace. El arte inspira, ayuda a expresarse y le da sentido a lo cotidiano.
Propuestas como las de teodioteodio son un recordatorio de que no debemos soltar esas herramientas, y también de que no estamos tan solos como pensamos. Estamos juntos en el sufrir, en el dudar y en el rabiar, pero también podemos estar juntos para levantarnos de nuevo.
Nunca suelten esa pasión por crear, nunca dejen de resistir. Nunca dejen que les digan que no sirven para esto, porque conectar con algo sólo depende del momento y el lugar. Mi momento y lugar fue camino al campo, escuchando “Lejos de México” en mis audífonos.

Deja una respuesta