El segundo álbum de la banda, «Re-Cordis», atraviesa la nostalgia, el silencio y el largo camino hacia la aceptación.
Hay penas que se guardan tanto tiempo que terminan por instalarse como parte del paisaje interior de alguien. «Re-Cordis», segundo álbum de St. Mängata, se mete justo ahí: en ese punto donde el silencio ya no protege, sino que empieza a pesar.
«Re-Cordis» remite a volver a pasar por el corazón, y eso es exactamente lo que hacen las ocho canciones del disco: en lugar de detenerse en la nostalgia, la usan como tránsito hacia otra cosa.
El relato sigue a alguien que primero convive con su pena desde el recuerdo, y que en algún momento decide romper ese ciclo, sacando afuera lo que se había quedado guardado.
En lo sonoro, la banda profundiza su cruce entre indie pop y dream pop, con guiños a The Marías, Parcels, Bándalos Chinos, Lucybell o De Saloon. St. Mängata trabajó cerca de dos años y medio junto al productor Diego Ridolfi (conocido por su rol en Fármacos) y Nicolás Silva, en un proceso que la propia banda describe como agotador por lo minucioso, pero necesario para que cada detalle sostuviera el concepto general de la obra.
El disco fue grabado en Royal Studios de Santiago, y la identidad visual quedó en manos de Francisca Aravena, responsable de la dirección creativa y la portada, mientras que Valentina Segovia y Bastián Mella completaron el registro fotográfico del proyecto.

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