J18 declara al tiempo como el verdadero enemigo en «Quizás las horas suman meses»

Tras casi seis años en la industria, Javiera presenta su álbum debut: catorce canciones divididas en dos discos que explora esos minutos donde no estamos ni despiertos ni dormidos.

Cada día habitamos una dualidad de situaciones: estamos obligados a pasar muchas horas despiertos, y por la noche nuestro cuerpo nos obliga a desconectarnos durmiendo.

Pero existen esos instantes con los ojos pegados al pálido color de la pared, donde no pensamos en nada y a la vez estamos absolutamente inmersos en todo lo que vivimos. Esa es la esencia de «Quizás las horas suman meses», el álbum debut de J18.

El concepto no llegó de inmediato. Al inicio el disco iba a estar inspirado en musicales y bandas sonoras de películas, terreno que Javiera (nombre real de la cantante) conoce bien por su fanatismo declarado.

«Un día me di cuenta que si mi vida fuera un musical el conflicto, o más bien el enemigo, es el tiempo. Y fue muy de peli darme cuenta que llevaba escribiendo canciones que estaban siempre ligadas a eso inconscientemente«, cuenta. Ese hallazgo terminó esclareciendo lo que buscaba tanto sonora como líricamente.

El álbum se divide en dos partes de siete canciones cada uno, una estructura que responde tanto a decisiones sonoras como a un cambio de perspectiva narrativa.

El primero es más experimental y movido, con letras que muestran su relación con el tiempo hacia afuera, como observadora. El segundo se acerca más a lo que J18 venía haciendo: más lento y reflexivo, con un sentir del tiempo hacia adentro mucho más crudo.

«Por eso fue importante incluir audios de personas importantes para mí que ya no están, o también la historia de mi abuela en ‘Oda al canto’, para luego cerrar con ‘Quizás las horas suman meses’ donde me rindo o acepto la derrota contra el tiempo«, detalla.

El trabajo transita por una diversidad de géneros: desde el pop, folk y arreglos orquestales, hasta pasajes de ambient, indietronica, breakcore e incluso raíces de bolero y folclore. Una versatilidad que se explica por sus casi seis años dentro de la industria antes de este debut.

Detrás de esa amplitud sonora hubo una negociación constante entre dos formas de entender la música. Mientras la formación de Javi venía del ukelele y la voz, imbn, productor del álbum, aportó un trasfondo maximalista y electrónico.

«Muy honestamente, por mi lado, fue difícil renunciar al minimalismo, porque he trabajado el canto ya hace tiempo, entonces tengo la suficiente confianza en mi voz y una guitarra para una canción. Pero quería que este álbum fuera más ambicioso, tenía muchas ganas de salir de ese confort«, explica.

«Muchas veces era yo con Hans vs J18… y cuánto se alejaba de lo que venía haciendo. Esto en la música se veía reflejado en arreglos, en efectos, en baterías, y fue una constante conversación entre agregar más o quitar. Pero terminamos teniendo canciones muy Javi y otras muy Hans, y a los dos nos encantaban ambas«.

Para imbn, el proceso de más de un año estuvo marcado por la falta de tiempo y el contraste de estilos. «Fue mucha pega encontrar un punto medio porque somos polos opuestos. Lo lindo fue tomar a dos personas con gustos y vidas súper distintas y lograr este amalgama de géneros que es como un collage«, agrega el productor.

Aunque es un álbum profundamente autoral y personal, «Quizás las horas suman meses» integra dos colaboraciones ya conocidas como singles: «Just Waiting«, junto al cantante argentino Pa2k, y «Soñando siempre contigo«, junto a bbjuanki.

El proyecto nació formalmente en su primera canción en Soundcloud en 2019, pero su comunidad se forjó durante la pandemia, a través de transmisiones de TikTok y encuentros por Zoom.

«Nunca he sentido que me ven como una artista, siempre he sido más como una amiga«, explica sobre ese lazo que se materializó en el sold out inmediato de su primer show en el Teatro San Ginés, además de presentaciones en Casa Huemul, Ámbar y Audio Música.

El área audiovisual estuvo a cargo de Paulina Soto y Agustín Flores en montaje y dirección, acompañados por Salvador Pino en dirección de fotografía y Joaquín Riquelme como primer asistente de cámara. Grabados mayoritariamente a campo abierto, los videos apuestan por una estética ligada a la nostalgia que usa elementos cotidianos como campos, bicicletas y gatos.

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