Glitch pop, hyperpop y ruidismo al servicio de una pregunta simple: ¿qué queda de los sonidos que nos formaron?
¿Qué sonido te transporta a tu infancia? El primer día de colegio, los ruidos fuera de casa en el día a día, esos fragmentos que no podías definir en palabras.
El ruido como memoria es uno de los puntos fuertes de “Henkō”, el EP debut de taliska: una mezcla de glitch pop y pop alternativo que va más allá del formato y se convierte en laboratorio. Drum & bass, hyperpop, piano clásico, ruidismo y melodía conviven como capas de un mismo paisaje sonoro.
La artista creció cerca del aeropuerto de Pudahuel y el ruido de los aviones se volvió, según ella misma, algo “casi poético”, lo que terminó impregnando su material musical. Si vamos más profundo, el ruido aquí no es accidente ni distracción: funciona como un repertorio de recuerdos.
Dando vueltas a reflexiones en torno a la música, el sonido ayuda a los sujetos a leer, organizar e interpretar los lugares que habitan. Estos “emblemas sonoros” marcan la relación entre personas y lugares, y además de una biografía constituyen una huella de recuerdos, identidades y emociones (Victoria Polti, 2020).

Aparte de lo anterior, el EP explora el concepto de cambio en su propia construcción, permitiéndose mutar a lo largo de las canciones y deformarse en sus distintas etapas. Cada canción es un ensayo sobre su propia estructura: donde podría haber una forma fija, taliska se da el espacio para ramificar sus decisiones. Existen salas dentro de cada track que van abriendo puerta a puerta nuevos pasajes, con cambios sutiles de ritmo e instrumentalidad.
Cuando hablamos de experimentalidad, existe un choque entre la ciencia y el arte. La primera disciplina interpreta el experimentar en espacios calculados y controlados; la segunda habla de azar y de un fluir de la conciencia. En el control obsesivo del serialismo europeo, John Cage (compositor, teórico musical, artista y filósofo estadounidense) rompe la pesadilla tecnocrática para volver a acercar el arte a la vida a través del azar, lo indeterminado y la liberación del sonido, muy influido por Duchamp y el dadaísmo (Norberto Cambiasso, 2012).

Ese tipo de experimentalidad es la que se busca cuando exploramos nuevos horizontes en la música. Por eso quería destacar el EP de taliska bajo estos enfoques: porque es un ejercicio que, además de invitarnos a disfrutar la música, nos da espacio para reinterpretar lo ya establecido. En este caso, cómo el ruido y la sonoridad terminan creando huellas profundamente marcadas por el contexto social y las experiencias personales.
Y no es una experiencia difícil de procesar. Los cambios y transiciones, aunque a veces vayan en direcciones muy distintas, no generan un quiebre entre tema y tema. Todo parece hilar con sutiles variaciones que presentan un nuevo estado de cambio, manteniendo a la vez un hilo conductor que muchas veces resulta autoconclusivo.

Este tipo de ejercicios son valiosos, porque las obras de arte sonoro permiten a las comunidades acceder a su propia memoria, obligando a los oyentes a ejercer una escucha activa y consciente (Mónica Salinero-Rates, 2022).
Es la reafirmación del derecho a producir ruidos, palabras, ritmos y silencios. Son parte de nosotros, y pueden mutar en experimentos como “Henkō”.

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