«chile is cute»: el peso de heredar un sueño roto

Drum & bass, post punk y new wave al servicio de una pregunta incómoda: ¿qué hacemos con el país que nos heredaron?

Soy débil frente a la música directamente política. No hago la distinción entre el arte y la política, van de la mano aunque a veces no sea tan obvio, pero quienes se atreven a dar un mensaje más incisivo frente a la realidad social me pegan más.

No voy a negar que el resto de temáticas no me agrade, pero en tiempos convulsos como estos se agradecen proyectos que se atrevan a pegar el grito al cielo. Creo que por eso, desde el primer contacto, terminé interesado en el proyecto de Izzy con su disco debut “chile is cute”.

Va más allá de que construya una obra redonda en torno al pop alternativo, con rasgos del drum & bass, el post punk y el new wave. Creo que este choque de intenciones, que podría parecer algo alejado de la canción protesta, tiene sentido porque el arte se va adaptando a los tiempos, a la vez que a las carencias y anhelos de cada generación.

Ese es el punto por el que quería darle vueltas, porque muchas veces podemos decir que un disco es bueno o no, ponerle nota, pero hay veces en que encuentro más interesante tomar los elementos de referencia de un disco, explorar su uso del sonido para enlazarlo a algo holístico. El arte, como cualquier otra creación humana, está ligado a un aquí, un ahora, pero también a un “pasó”.

Soy del 97 y creo que varias y varios que crecimos durante los 2000 tenemos un sabor agridulce: el de un país en democracia, dolido aún por la dictadura, con nuevas expectativas frente al futuro y frente a un mercado internacional acelerado. Lo que presenciamos en esos años fue que el nuevo sujeto interiorizó, en lo discursivo y fáctico, una resignificación y elevación de expectativas y aspiraciones, ya no solo en temas educacionales, sino con el proyecto de vida en general (“Informe sobre Desarrollo Humano en Chile 2000. Más sociedad para gobernar el futuro”, PNUD).

Sin embargo, esa expectativa chocó con la realidad, porque lo prometido fue demasiado para un Chile que quiso volar muy cerca del sol. Durante el período 1999-2000 se caracterizó por una pérdida de vigor en la tendencia a la reducción de la pobreza que se venía manifestando durante los años noventa, y por un leve aumento de la indigencia (“La pobreza en Chile en el año 2000”, CEPAL).

Por esa desigualdad, que hasta hoy resuena, parece dialogar de manera empática pero también triste con las letras de Izzy. El sueño siempre estuvo ahí, solo que no estaban las herramientas para cumplir ese ideal. Y al no cumplir esa meta, ese estándar, el supuesto “deber ser” que heredamos y no viene genuinamente de nosotros, termina por mermar nuestra autopercepción como personas y nuestro valor frente al resto.

Para los tiempos que corren, que Izzy haya utilizado todos los géneros mencionados hace sentido, porque son un reflejo de la estética actual: no la única, pero sí la más patente de las últimas décadas.

Pateando Piedras” de Los Prisioneros es un ejemplo de su época porque fue capaz de mezclar new wave con letras de protesta y crítica social (NoiseNomad, 2022), mientras que “Corazones” es un electropop manifiesto (The Dowsers) que ha calado hondo. Tanto Mena como Anwandter y Dënver utilizan el pop alternativo como carga política e identitaria.

Aparte de sus referencias claras al plebiscito de 1988 y el “No”, a Raúl Zurita y Nicanor Parra, nutriéndose entre poesía y música, el potencial de la autora va muy de la mano con una de sus referencias: PinkPantheress.

La artista británica es conocida por la mezcla de pop, drum & bass y nostalgia generacional. Izzy adapta esa sensibilidad con memoria histórica en nuestro país, con los elementos anteriormente mencionados.

Volviendo a los poetas: Zurita es la poesía de la dictadura y Parra es la antipoesía; son referentes para hablar de la fractura emocional y el lenguaje conversacional, un elemento presente en las heridas que menciona la artista.

Por todo esto, encuentro que “chile is cute” es una obra que se puede estudiar en varios niveles: tanto por su producción y letras como, sobre todo, por el trasfondo generacional que mantiene en su núcleo.

Si Izzy es capaz de explorar más esta forma de trabajo, incluso yendo más allá de la dictadura pero utilizando el pesar generacional para crear, puede convertirse en uno de los proyectos más interesantes de la década.

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