Gemeleste habita la simplicidad y la vulnerabilidad en «pucha la lesera»

Del math-rock de Por Mientras al folk alternativo y neo-soul, un proyecto solista donde decir lo que realmente quiere decir resultó igual o más difícil.

Gemeleste estrena «pucha la lesera«, su nuevo single. Una frase que dice mucho, presente en su cotidiano, y que se convirtió en canción cuando una persona cercana la estaba pasando medio mal y quería ser de ayuda pero no sabía bien cómo.

«Todo se sentía insuficiente o torpe, entonces le escribí una canción. La letra es totalmente literal«, explica Cindy, la cantante y guitarrista curicana radicada en Valparaíso detrás del proyecto solista.

Gemeleste nace en 2024 como un espacio de mayor libertad, más íntimo y honesto. Antes, Cindy tocó en Por Mientras, una banda donde exploraban una especie de math-rock con tintes soul y pop. Fue una buena escuela a nivel técnico y una especie de laboratorio para explorar ritmos y fusiones.

«En ese momento creo que mi forma de tocar era más mental que ahora, quizá más pretenciosa incluso. Me interesaba sobretodo que fuera entretenido, desafiante de tocar y también buscaba validarme a través de esa complejidad. Las letras eran más crípticas«, cuenta.

Con Gemeleste se permitió habitar la simplicidad y la vulnerabilidad, crear algo que le gustara pero con pocos elementos, decir lo que realmente quería decir. «Lo que resultó igual o más difícil«.

A nivel sonoro, se mueve entre el folk alternativo, el neo-soul y otras influencias. El cruce sale así porque no lo piensa tanto. Si lo meditara más, tal vez habría una propuesta estilística más clara, pero le gusta la música en muchas de sus formas: el rock, el soul, el folk, la música latinoamericana.

Entre los artistas que más la han marcado destaca a Spinetta, Amy Winehouse, Björk, Hiatus Kaiyote y Palm. «Me da risa porque entre sí pareciera haber mundos de diferencia, pero con todos ellxs recuerdo haber tenido experiencias lisérgicas, les atesoro«.

Su primer acercamiento a la música fue desde el baile, con su hermana enseñándole las coreografías de Mekano. Entrando a la preadolescencia se obsesionó con el mp3 y la música emo, era muy fan de Tokio Hotel, MCR, Paramore. Ahí se dio cuenta de que la música era un refugio, que le gustaba mucho cantar.

Le regalaron su primera guitarra a los 10 años. Era muy vergonzosa, así que recién a los 19 empezó a agarrar un poco más de confianza y fue cuando se dio cuenta de que la cosa iba en serio.

Es de Curicó y, en sus palabras, allá no pasan muchas cosas, así que la música significó para ella una fuente inagotable de estímulos que hacían del cotidiano algo mucho más emocionante. Cuando empezó a hacer música se convirtió en un espacio de juego, presencia, y también en un espejo crudo.

«Te muestra tus dones y también tus miedos, heridas, inseguridades. Sea lo que sea que estés sintiendo o atravesando se cuela en el proceso creativo, por más que uno a veces se resista o no quiera hablar de ciertas cosas. Ahora lo veo también como un ejercicio hermoso de memoria, un intento de permanencia, un puente capaz de conectar a muchas personas«.

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