Pescao construye su universo en piezas y escritorios con «Uno», su primer larga duración

El trío presenta doce canciones grabadas de manera casera que viajan del folk al surf rock, de la experimentación a la intimidad.

Hay una sensación que a veces pasa en los funerales: alguien cuenta una anécdota chistosa y se escapa una risa entremedio de las lágrimas. Eso es «Uno», el primer larga duración de Pescao.

El trío chileno formado en 2024 por Tomás Hurtado (voz), Clemente Boetsch (guitarras) y Andrés Elgueta (batería) reúne doce canciones grabadas de manera casera en piezas y escritorios, construidas desde la guitarra, la voz y el trabajo colectivo.

«Lo retro en nuestra música aparece más desde cómo trabajamos. Grabamos en nuestros propios espacios, muy pegados a los instrumentos, conversando entre nosotros, con poco computador y poco click, siempre defendiendo las canciones desde lo que ellas mismas nos pedían. Al final, esa forma de trabajar terminó imprimiéndole al disco un carácter muy coherente con las historias que queríamos contar«, explican.

Las historias son pequeñas. Un niño santiaguino que sueña con surfear, el silencioso deterioro de una relación de años, encontrar una caja con fotos viejas. Inspirado en la estética del pop radial de los años 60 y 70, combinada con influencias de la trova latinoamericana, el surf rock y el folk contemporáneo, el disco nunca permanece en un solo lugar.

Sobre un formato clásico de banda al que se suman apariciones de piano, sintetizadores y contrabajo, cada canción abre un espacio propio: desde la experimentación de «Dos Remolinos«, con guitarras invertidas hasta el humor de «Polera« o la nostalgia de «No es nada«.

Tras presentar siete adelantos durante el último año, el disco incluye colaboraciones de y Vicente, Pablo Lobos, Olivia García y el propio Andrés Elgueta en su faceta solista, más una versión de «De nosotros dos« del cantautor uruguayo Eduardo Mateo.

«Nos gustaría que la gente le agarre cariño a estas canciones y las sienta propias; que se sientan acompañados por ellas en su rutina y puedan darle un sentido personal a las letras y melodías«.

En 40 minutos, un mundo donde nada es tan grave.


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