Trece canciones inspiradas en Juan Radrigán que pasan del refugio al derrumbe, con distorsiones, sintetizadores ruidosos, cello, saxofón y charango.
Inundaremos presenta «tanquemante», su segundo disco. Un trabajo que registra la dualidad emocional que significa pasar por esta tierra, consolidando sus intenciones acústicas y elevando la propuesta con una nueva arquitectura sonora entre distorsiones, batería, sintetizadores ruidosos, cello, saxofón y charango.
El título está inspirado en el poema «La noche cierra el mundo» de Juan Radrigán. Un imaginario coherente con la idea de la muerte de la ternura y la calidez, y la llegada de la densidad al proyecto en todas sus dimensiones.
«Siempre se nos presentó como una banda que hace música cálida u hogareña, y aunque la definición nunca nos incomodó, sí nos encasilló a componer desde un molde preestablecido. Ahora nos interesa comunicar que, aunque lo cálido reconforte, también existe esta otra parte: el frío y la ausencia, que son síntomas de un sonido mucho más maduro, sustentado desde el crecimiento de cada integrante hacia la adultez«, cuenta la agrupación que debutó en 2023 con el LP «Esto lo hice sin querer».
Financiado por el Fondo para el Fomento de la Música Nacional 2025, el trabajo se presenta como un rompecabezas de sentimentalismos sometido al desafío de dar vida sonora al dolor y el sufrimiento.
El álbum se divide en dos momentos: una apertura luminosa y energética, seguida por un cierre oscuro que profundiza en la nueva exploración de la banda.
«Es una especie de respuesta rebelde al encasillamiento de las temáticas que abordamos y cómo las enfrentamos«, aseguran.
Con «Nota Clara«, «8veces« y «3300« como muestras previas, ha llegado el día en el que podemos oír esta evolución de forma íntegra, con todo su concepto desplegado.
Relatando las variadas ausencias a lo largo de la vida, que pueden ir desde una libreta, a una amistad, a la pérdida de memoria, Francisca Fuenzalida, Vicente Reyes, Vicente Gottreux, Benjamín Aguirre, Javiera Faúndez y Sergio Arciego regalan una placa para abrazar el invierno en todos sus estados: los maximalistas y eufóricos; también los limpios en elementos, en los que entre guitarra, voz, piano y cello aparece la intimidad que siempre logra Francisca con su voz.
Un conjunto de fuerzas individuales que encuentran su mayor potencial cuando están juntas. «Cada quién es una gota de una gran lluvia«, dicen.
Ese crecimiento quedó plasmado como una fotografía en una búsqueda instrumental más ambiciosa y en nuevas referencias creativas, fortaleciendo la complicidad entre sus integrantes y sacándolos de su zona de confort.
Un proceso para resignificar estas búsquedas como un motor, para sentirnos y entendernos vivos. «El sentir se ha volcado al fundamento inicial; consideramos que hacia los tiempos modernos se ha diluido en esencia la importancia del sentarse a sentir y entender qué nos pasa como seres partícipes de cambios sociales, sentimentales y estructurales«, explican.

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