Con cuatro canciones y un EP que cierra ciclos, la banda debuta cargando las heridas propias y las de quienes los rodean.
Desde Conchalí, perolaqeriatanto llega con «Cicatrices después del adiós», su EP debut lanzado bajo el alero de Unísono Records. Cuatro canciones que funcionan como un ciclo cerrado: un relato sobre el dolor, los vínculos que se rompen y la necesidad de soltar. La banda está conformada por Tallo (voz y guitarra), Américo Senties (bajo y voz), Polla (batería y voz) y Renato (guitarra), y su propuesta se mueve entre el emo, el post-hardcore y las raíces del midwest emo de los noventa.
El proyecto nació de una amistad y de una etapa compartida. Todos sus integrantes atravesaban procesos similares, y esa sincronía vital se tradujo directamente en el sonido y en las letras.
¿Cómo se conocieron y cómo llegaron a armar perolaqeriatanto? ¿Qué fue lo primero que les hizo querer hacer música juntos?
Nos conocimos a partir de un deseo de querer hacer música entre amigos, y así pudimos conectar a través de amigos en común, que son Los Solace, quienes nos ayudaron a construir la banda.
Al formar perolaqeriatanto todos teníamos un objetivo en común: de cierto modo sanar heridas y buscar un tipo de consuelo dentro del proyecto. También uno de los motivos fue que todos estábamos pasando la misma etapa y viviéndola juntos, y eso se puede notar en cada instrumento del EP.

«Cicatrices después del adiós» tiene cuatro canciones. ¿Cómo pensaron el EP como un recorrido? ¿Hay una lógica en el orden de las canciones o en cómo se conectan entre sí?
El recorrido del EP y el querer hacerlo de esta manera viene de lo mismo que comentamos antes: vivir una etapa y querer cerrar un ciclo de alguna forma. Fue pensado para que tenga lógica entre cada canción y sea una historia, más bien un ciclo muchas veces repetitivo, contado de inicio a fin en el orden del EP.
El emo tiene una historia larga y muy específica, con distintas olas y estéticas. ¿Cómo se sitúan dentro de eso? ¿Qué significa hacer emo desde Conchalí en 2026?
Creo que nuestro emo se sitúa dentro de la ola de los noventa, donde el género midwest emo predomina y nace un sonido más melódico, con guitarras más limpias y letras desde lo más profundo y humano.
Hacer emo desde Conchalí lo siento como algo un poco inusual dentro de lo que es la escena chilena, pero a la vez me hace feliz tener en cuenta que cosas tan bonitas como la música emo, la cual no cualquiera puede hacerla, sí pueden tener origen en cualquier lado.

¿Cómo fue el proceso de grabar el EP con Unísono Records? ¿Qué implicó trabajar con un sello independiente en esta primera etapa?
Fue un proceso lindo grabar el EP principalmente en su espacio, el Estudio Catedral. Al ser nuestra primera grabación en conjunto, fue muy especial para nosotros, y se nos brindó el apoyo y las facilidades que necesitábamos.
La verdad es que al grabar el EP aún no entrábamos al catálogo de Unísono, por lo que no trabajamos con ellos como sello en ese momento, pero sí nos ayudaron a subir el material, que salió por su catálogo de lanzamientos. Eso nos hizo trabajar más a fondo con ellos una vez publicado el EP.

Tallo mencionó que «pero la quería tanto» nació de pensamientos íntimos sobre aprender a cerrar ciclos. ¿Esa búsqueda atraviesa todo el EP o cada canción tiene su propio punto de partida emocional?
Encuentro que cada canción tiene su propio punto de partida, y cada una atraviesa un sentimiento y un agotamiento expresados desde una situación o problemática distinta. Al juntar esos problemas o caminos es cuando aparece el sentimiento de querer cerrar un ciclo.

El proyecto combina voz masculina y femenina como parte de su identidad sonora. ¿Cómo se distribuyen los roles creativos dentro de la banda a la hora de componer?
El rol de cada uno es poder expresarse desde lo musical, aportando sus inspiraciones e ideas. En el proceso del EP, todas las canciones excepto el interludio fueron composiciones de Tallo, quien las llevó a los ensayos, donde Américo y Polla aportaron sus ideas y estructuras para completarlas y darles un camino sonoro y una dinámica.
El interludio nació de una petición de Américo hacia Tallo de querer recitar un spoken word. Tuvo que improvisar una guitarra en Catedral mientras Américo recitaba, para lograr ese momento.

Deja un comentario