Una canción nacida al ver el video de una niña palestina bajo los escombros de su hogar en Gaza, que se transformó en acto político y ejercicio de memoria.
Nur Faride presenta «De Tierra y Cielo», su primer sencillo. Una canción que nació hace aproximadamente un año, cuando le apareció un video de una niña en Gaza que había sobrevivido a un bombardeo en su hogar. Ella estaba bajo los escombros de su propia casa, gritando por ayuda mientras agonizaba.
«Me marcó demasiado verla ahí, pensar que sus últimos minutos de vida fueron estar junto a su familia que no había sobrevivido, viéndose ella completamente inmovilizada. Me acuerdo que lloré mucho y me senté al piano como una forma de transformar ese dolor y de intentar comunicarme con ella«, cuenta.
Tiempo después decidió trabajar la canción y lanzarla para darle una voz; para contar no solo su historia, sino la de los miles de niños palestinos que viven esta realidad todos los días.
La cantante sirio-chilena de 26 años ha construido su propuesta musical desde la memoria, la identidad y la herencia cultural. Canta desde los 10 años, toca piano y creció en una familia marcada por la música árabe, donde el vínculo con Siria y Palestina ha estado siempre presente como relato íntimo y político a la vez.
«De Tierra y Cielo» fue elegida como tema principal de la audioserie «El Último Palestino«. Lo que comenzó como una necesidad personal de procesar el dolor frente a la violencia, se transformó en una obra colectiva que busca preservar la memoria y dar lugar a voces que sistemáticamente son silenciadas.
La canción está escrita en primera persona, porque quería que fuera la voz de la niña la que se escuchara. El final de la historia es el momento en que ella se da cuenta de que no sobrevivió, y sentí que esa parte tenía que ser sí o sí en árabe, porque es su idioma original.
«Mi intención con esto es que, si alguien allá llega a escucharla, sienta un espacio de conexión a pesar de la distancia. Que sepan que desde Chile estamos contando su historia con respeto y, sobre todo, en su propia lengua. Es una forma de decirles que no están solos y que su identidad sigue viva a través del arte«, explica.
Cantar en árabe y en español conecta a Nur con partes distintas de su historia. El español es su día a día, es el idioma del país en cual creció y con el que procesa su realidad. Sin embargo, el árabe la conecta con algo mucho más ancestral y visceral, su herencia y su sangre.
«Digo que cantar en árabe es un acto político porque existen potencias que constantemente quieren borrar nuestra identidad. Para mí, preservar mi lenguaje es una forma de luchar desde Chile. Cada día busco la forma de aprenderlo más y mejor. No quiero que nuestra lengua y nuestra cultura se pierdan solo porque mi padre tuvo que migrar de su país; quiero que se queden conmigo y con los que vienen después. Por eso, cantar en árabe es mi forma de decir que aquí seguimos y que no olvidamos«.
Su conexión con la música nació desde niña. Para ella nunca fue solo un objeto de disfrute, sino su lenguaje de expresión más natural. Sin embargo, durante mucho tiempo esa pasión vivió en el terreno de la fantasía. El cambio real ocurrió en la universidad, donde encontró maestros que la ayudaron a romper el prejuicio de que la música es solo un hobbie.
Un momento que la marcó fue cuando tenía 11 años. Era una niña muy tímida, no confiaba en su voz y se comparaba constantemente. Pero tuvo un profesor de música que la motivaba y la hizo creer en ella. Él la inscribió en un casting para participar en los coros de un concierto de Beatlemania en Chile.
«Recuerdo muy vívidamente ese día del concierto, porque aunque yo no era la protagonista, el hecho de estar en el escenario y poder usar mi voz para acompañar toda una banda y sentir el amor del público, fue un momento que hizo un clic en mi cerebro y sentí que yo había nacido para eso, que mi lugar era junto al micrófono y no había otra opción«.
Sostener el peso de hablar desde la identidad, la herencia y la memoria de una comunidad que está siendo atacada constantemente no es fácil. Hay días en los que la realidad sobrepasa y la tristeza paraliza. Pero para Nur, el proceso creativo es justamente el lugar donde descarga esa impotencia.
«Siento que si no usara mi música para hablar de esto, mi arte no tendría un propósito real. Lo que me sostiene es entender que mi voz no es solo mía, sino que es una herramienta para que la historia de mi familia y de mi pueblo no se borre. El peso se vuelve más ligero cuando dejo de verlo como una carga y empiezo a verlo como un compromiso: la música es mi forma de resistir y de asegurar que nuestra memoria siga viva, a pesar de todo lo que intentan hacernos«.

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