Dejar atrás el folk íntimo para abrazar el synth pop, coqueteos con reggaetón y hasta referencias de Evangelion no fue solo un cambio estético, sino un proceso de terapia.
A veces, para volver a crear, hay que quemarlo todo primero. Grace Caracol estuvo a punto de dejar la música. Entre situaciones que la dejaron sin redes, el silencio parecía ser el único refugio seguro.
Sin embargo, la escritura, esa herramienta de terapia que la acompaña desde niña, terminó transformándose en «Combustión«, un disco que no solo marca una evolución sonora hacia el pop sintético y experimental, sino que funciona como un manifiesto de supervivencia.
Primero que todo para saber más de ti. ¿Cuándo fue tu primer acercamiento a la música? El primero que se te viene a la mente.
Es que desde chica, mi mamá siempre quiso que bailara y yo siempre quise cantar, entonces me fui a escondidas al club de coro en el colegio.
Me pagaban un taller de folclore, porque yo bailara cueca y era el mismo día a la misma hora que el taller de coro. Y el profe de baile también cachaba que no me gustaba mucho, entonces me dejaba irme al taller y el profe de coro me recibía.
¿Y pasaste piola?
Mi mamá trabajaba en el colegio, yo pensé que sabía, pero los profes nunca le dijeron.
Y haciendo memoria, ¿hay algún disco, artista, banda o cualquier cosa que tú hayas dicho «lo que hace esa persona, me gustaría hacer lo mismo», algo que te motivara a ser artista?
Lo primero que se me viene a la mente y que escuché siempre en mi casa desde muy chica fueron los Beatles, que es mi banda favorita de la vida.
Me pasó que a mi papá le gustaban mucho sus videos de la primera época y después cuando empecé a escuchar la discografía fui descubriendo otros discos, llegué al «Magical Mystery Tour» y fue «qué onda, cómo esta gente hizo esto mismo y en tan pocos años«.
Me gustó mucho el hecho de que fueran explorando varias cosas, que no tuvieran miedo de cambiar. Fue uno de los momentos con que dije: «Si yo llego a hacer música, me gustaría poder hacer eso«. No solo en honor a ellos que me influenciaron tanto, sino también para poder permitirme experimentar varios géneros diferentes.
En cuanto a tu carrera, tú partiste con algo de folk íntimo, pero con el lanzamiento de los sencillos hay una aproximación a otros géneros y otros estilos. ¿Cómo fue esa evolución? ¿Se dio de manera natural? ¿Tú misma te lo propusiste?
Tiene que ver más con que era lo que conocía y lo que era más seguro para mí en el momento. Partí grabándome sola con un notebook y subiendo covers a Tumblr y a SoundCloud. Después, cuando empecé a hacer esto en folk, estaba con Jack Johnson, que fue lo más cercano a lo que ya sabía hacer.
Después, cuando empecé a conocer estudios, a gente que trabaja en el mundo de la música, pude entender más sobre los sintetizadores, sobre las opciones que ofrecían los programas en general. Creo que mi primer acercamiento fue con Ableton. Eso me ha permitido abrir un poco más la mente.
Además, cuando ya había sacado el primer disco, me propuse reaprender cosas, porque yo nunca estudié nada de teoría musical. Tomé un par de clases y ahí estuve aprendiendo más de bachata, de cumbia, porque era lo que sonaba en la radio. Pero ahora era de manera consciente, «ya, estos son los elementos que tienen». Y de ahí también hice el EP que se llama «La Travesía«.
Hablando de «Combustión», hay synth pop, incluso creo que hay coqueteos con el reggaetón. Lo que me llama la atención es ¿cómo logras que toda esa paleta de sonidos converja orgánicamente en un solo disco?
Gracias por notarlo. Me gusta mucho sacar un poco de todos lados. Mi primer acercamiento al reggaetón fue con «Selva Negra» que está en «La Travesía«. Las influencias que teníamos estaban bien cargadas de los 80, que era otra de las cosas que siempre escuché cuando era chica. A mi papá le gustaba la música más movida de los 80, a mi mamá le gustaban más los lentos.

Mi hermano estaba muy pegado con Guns N’ Roses y con Nirvana cuando yo estaba chica, entonces también ahí conocí el grunge. Es uno de los estilos que más me apasiona y que aún siento que no puedo mostrar en las canciones, pero me encantaría hacer algo más grunge.
Básicamente mi plan con este disco fue de siempre ir dejando rastros o pistas de lo que me va gustando. Me gusta hacerle homenaje a cosas. Al principio me daba miedo que me dijeran «no, andas puro copiando«.
Este disco habla de anime, habla de homenaje a canciones y a bandas que me gustan, y decidí mostrarlo sin ningún tipo de pared encima: esto soy yo, esto es lo que me gusta.

La playlist que armé como inspiración para este disco tiene caleta de cosas. Pasó mucho que en el proceso de producción, cuando estábamos grabando, por ejemplo, en «Manual de Usuario» venía una parte instrumental y el Fabi me dijo:
– Ya, mira, aquí tenemos que ver qué hacemos.
– ¿Y si ponemos tal coro del opening de Evangelion?
Lo probamos, y me dijo «mira, tenemos que bajarle un tono pero funciona«.
Creo que tiene que ver con que si bien no tengo tan buena memoria para recordar fechas, mi biblioteca de música en el cerebro es harta. Es solo oído, en realidad, lo que me ayuda a defender esa mezcla rara.
A medida que íbamos produciendo, yo decía «me acuerdo de tal canción«, «me acuerdo de tal acorde, de una progresión de acordes que sale de otra canción«, y ahí lo iba sacando. El oído solamente me defiende.
Mencionas miedo, la emocionalidad del disco y de ti misma. ¿Has pasado por el síndrome del impostor? ¿Cómo lo has sopesado?
Caleta. Este disco habla caleta de eso también, porque me pasa una situación de acoso en el ambiente musical, entonces eso me deja sin redes.
Dejé de ir a tocatas, perdí caleta de pegas, aparte de eso también se armaron caleta de cahuines. Fue bastante complicado. Por evitar pasar malos ratos me alejé de la música, yo no iba a hacer más música, me había retirado de hecho.

Sabía escribir, que era la metodología que habían ocupado conmigo en terapia desde que era chica, me puse a escribir y después eso se transformó en canciones. Pero en terapia fue algo que tuve que ir viendo, porque el hecho de que ocurran este tipo de dinámicas de relación de poder y que te pasen a llevar, obviamente te deja con el autoestima baja, sin creer mucho en lo que puedes hacer.
Me pasó que cuando pasó esta situación, yo dije «no voy a poder hacer música porque no puedo hacer nada sola«. Y eso era lo que esta persona me hacía creer un poco, queriendo mantenerme ahí, que yo no pudiera explorar más cosas.
Sentía que era algo que prefería que quedara plasmado en un disco y que sirviera más para conversación a futuro, sin centrarme en una persona específica, sino que abordar el problema en general.
Que pudiera generar conversación, que pudiera generar dinámicas de reflexión. Y también me ayudó a mí como trabajo de terapia.
No pensé en hacer este disco, en verdad fue más proceso de terapia, fui escribiendo y después en un momento me vi llena de un cuaderno con muchas cosas y dije «oh, igual hay caleta de cosas aquí que pueden ser canciones«.

En cuanto al título Combustión, ¿de dónde nace? ¿Qué relación tienes tú con esa palabra, tanto con el disco como con el momento que estás viviendo ahora?
Mira, yo así como fanática de los signos zodiacales no soy, pero la gente dice que se nota mucho que soy bien fuego. Al menos sí me considero una persona apasionada y cosas que quizás se pueden relacionar con ese elemento.
Pero más que nada me pasó que sucedió esta situación y a medida que iba pasando la terapia dije «ya, quiero representar estas heridas psicológicas en heridas físicas. ¿Cómo lo puedo hacer?«.
Si habían heridas físicas, quería que hubiera una historia detrás, de por qué están, que no simplemente estén ahí y desaparezcan. Entonces dije «tiene que haber un accidente«, pero la palabra «accidente» tiene otro peso, otra carga, de «algo que pasó, que no fue con querer«. No quería ocupar la palabra accidente.

Mientras estábamos armando este concepto, se nos ocurre la idea de que hubiese existido una combustión que lleva a una explosión.
Que la explosión no fuera considerada un accidente, sino una consecuencia de otra cosa que pasó. Que es básicamente lo que me pasó a mí: vivir un acoso, me dio depre y estoy en este proceso de sanación. De ahí viene, más o menos, la palabra «Combustión».
Mencionabas a Fabián Vergara y creo que leí que te «sacó el jugo». ¿Cómo fue trabajar con él, cómo fue el proceso creativo? ¿Habías trabajado antes con él?
No, nunca había trabajado con Fabi. Nos conocíamos, nos ubicábamos por bandas en común. En la banda del Fabi, No Tan Humano, está Bárbara Ulloa, que tocó conmigo en una banda que tuve de Grace Caracol antes.
De ahí nos ubicábamos, pero después hicimos juntos el taller de canciones de Yorka y ahí nos tocó hacer algunas canciones juntos. Empezamos a hablar más, nos hicimos amigos.
Él sabía que yo estaba trabajando en algo y me dijo «oye, podríamos trabajar juntos«. La conexión fue bacán, fluyó, teníamos caleta de gustos en común. Tuvimos una especie de conversación de mandarse música, estilos diferentes, conocer más cosas.

Lo que me gustó fue que no cuestionara que de repente las influencias fueran tan diferentes. Yo llegaba como «Fabi, mira, el opening de Evangelion, esta canción en portugués, Weyes Blood y Charli XC«», y el Fabi quedaba así como «ya, a ver, explícame por favor cómo vamos a hacer eso«.
Le mandaba el minutaje de cada cosa, los acordes de tal lado, y empezábamos a probar cosas. Siento que funcionó caleta.
Él me sacó el jugo en el sentido de que de chica siempre me habían dicho que cantaba bien, pero nunca nadie me había contado sobre técnicas vocales, cómo cantar.
En un momento estábamos un poco estresados en el estudio y el Fabi me dijo «Grace, creo que deberías tomar clases de canto«. A mí me dio en el orgullo, «siento que esta era la única cosa que yo sabía hacer bien y ahora resulta que no lo hago bien«.
Después me dijo «Grace, tranquila, lo haces bien, pero creo que si aprendes a hacerlo mejor, dirigirlo mejor, vamos a avanzar esto mucho más rápido«.
Empecé a tomar clases de canto y fue bacán. Aprendí caleta, me gustó mucho, quiero puro volver a tomar clases. Después llegué al estudio, grabamos, nos demoramos nada en comparación a lo que nos demorábamos antes.
Fue bacán, porque las direcciones que me daba era mucho más fácil seguirlas.
La relación fue muy de igual a igual y ambos aprendimos caleta del otro.
Ahora, en un punto que va más allá de los sonidos y es más visual, creo que llama harta la atención el concepto del disco. ¿Cómo lo construiste?
Como te mencionaba, de teoría musical no sé, pero estudié diseño industrial. Siempre me gustó el diseño gráfico en general y trabajé un buen tiempo antes de ser cantante haciendo diseño de merchandising para bandas.
Cuando ya empecé mi proyecto dije «tengo que sí o sí tener merch bacán». Es un acercamiento con la gente, tener cosas que puedas regalar, pero también tener otras cosas más grandes.
Mi propuesta en general con el diseño es que el merchandising sea asequible, que tenga cosas muy baratas hasta cosas más caras que son únicas, y que todo lo que tenga que ver con el concepto del merchandising se relacione con la propuesta del momento.

Todas estas propuestas visuales las trabajamos en conjunto con Planeto. Trabajamos juntos hace caleta de tiempo. En ese momento éramos amigos, ahora estamos pololeando, pero desde el día uno nos hemos acoplado bien en el sentido de que los detalles importan y que es bacán poder no sólo escuchar la música, sino también relacionarla con cosas.
Creo que sirve para que la gente se quede con algo en la mente además de la música. Ahora con «Combustión» estábamos trabajando desde el inicio juntos, es la primera vez, porque generalmente hago estas cosas sola.
Me interesa mucho lo visual en general. Mi mayor interés es que cuando alguien vaya en la calle y vea una cosa que alguien me compró a mí, diga «oh, qué bacán, qué bonito«, que le interese saber más. No me interesa tanto que se vea mi nombre o mi cara. Si alguien entiende el logo, bacán, y si no lo entiende, que le parezca bonito igual.
Una vez me pasó que una chica fue a una tocata y me dijo «conocí tu música porque una amiga tiene un tote bag tuyo y un marcapáginas que me encanta. Venía a buscar lo mío y no conocía tu música».
Es otro punto de entrada para la gente, porque al final uno tiene que admitir que lamentablemente los chilenos no escuchan tanta música chilena.
Con este disco ya estrenado, ¿tú sientes que «Combustión» viene a cerrar un ciclo de tu vida o viene a abrir una nueva etapa?
Creo que las dos, y que pueden coexistir. Efectivamente que estaba esperando que se cerrara y al fin se cerró, estaba un poco cansada, pero es porque el Fondart es algo agotador.
Y sí po, abre un nuevo ciclo. Es bacán que ahora ya las canciones sean de otras personas. Cuando algo se publica deja de ser tuyo y es más de otra gente. Ya me liberé, siento eso.
Ahora estoy enfocada en tocar en vivo, en prepararlas y hacer los arreglos de banda, que es diferente porque también estoy trabajando con otras personas. No es algo tan solitario. Creo que de repente el hecho de componer resulta ser bastante solitario y me gusta que ahora en este proceso de mostrar, de promocionar y todo eso, sea mucho más en conjunto.


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