«We Choyün»: jazz, raíz mapuche y memoria en un debut que renace desde la ciudad

El grupo de mujeres mapuche presenta su primer disco, una obra de cinco actos donde el jazz dialoga con cantos ancestrales, purrun, improvisación y heridas que siguen resonando.

Hay discos que nacen desde el territorio y otros que nacen desde su ausencia. «We Choyün«, el debut del proyecto homónimo formado por mujeres músicas mapuche que crecieron lejos del sur, pertenece a ese impulso de desarraigo y a la necesidad de volver a mirar la raíz desde la ciudad.

El álbum, un diálogo entre el jazz contemporáneo y la música tradicional mapuche, se despliega en cinco actos que mezclan purrun, improvisación, memoria familiar, texturas rituales y arreglos instrumentales que conectan lo íntimo con lo ceremonial.

El resultado es una obra donde conviven la nostalgia por Wallmapu, la herida histórica del despojo y una búsqueda artística que se sostiene en el kultrún, la trutruka, la pifilka, el piano, la trompeta y la batería, sin perder vínculo con lo ancestral.

We Choyün (“nuevos brotes”) se levanta como un rito de renacimiento. El proyecto surge en Santiago, pero nace de un viaje emocional hacia Chol Chol y Puerto Saavedra, donde las integrantes volvieron a encontrarse con sus familias para recoger memorias vivas y dar forma al tejido sonoro del disco.

Allí se incorporó la voz de la ñaña Janette Santander, cuyos cantos improvisados se transformaron en uno de los elementos centrales del álbum: registros donde narra su historia, honra la vida y pide a Chaw Ngenechén protección para este trabajo colectivo.

La grabación (realizada en Estudio Palo Quemado por Nicolás Ríos, quien también estuvo a cargo de la mezcla y masterización) captura esa búsqueda orgánica, permitiendo que los instrumentos tradicionales dialoguen con la improvisación jazzística sin jerarquías ni distancias.

El equipo lo completan AdMalen Malo en trompeta, Daniela Quintana en batería, Orion Lion en piano y Dario Malo en trutruka y pifilka, mientras que Violeta Molyneux registró el componente audiovisual y Lilen Arroyo estuvo a cargo del arte del disco.


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