Desde su dormitorio con guitarra en mano hasta el Movistar Arena, la cantautora nacional comparte el proceso detrás de «lo que deja la arena», su primer LP que marca una maduración artística donde la honestidad y la confianza en la propia voz se vuelven el norte creativo.
Alexia Naomi acaba de estrenar «lo que deja la arena», su primer álbum de larga duración que llega como una declaración de madurez artística.
Después de The Voice y el EP «NAOMI» (2024), la cantautora nacional se sumerge en un trabajo más deliberado, donde cada canción nace desde la intimidad de su habitación pero se expande hacia una producción que prioriza la instrumentación tocada, las capas cuidadas y una narrativa confesional que desafía el ruido de las comparaciones y las expectativas externas.
Con Mon Laferte como referente y mezclado por el ingeniero de sonido de «SEIS» (2021), el disco aborda el amor, la pérdida y las reflexiones existenciales desde un lugar más honesto y vulnerable.

Hace poco, además, la artista abrió para Lasso en el Movistar Arena, consolidando una carrera que crece desde la autenticidad y la confianza en lo que cada canción tiene para decir.
En esta entrevista, Alexia comparte el viaje interno que significó crear este disco y qué significa confiar en la propia voz cuando todo el mundo tiene una opinión.
Antes de The Voice y el EP («NAOMI», 2024), ¿cuál fue tu primera relación con la música? ¿Cuál fue el primer acercamiento que tuviste? ¿Qué se te viene a la mente?
Yo creo que de muy chiquitita. No tengo memoria de cuándo fue la primera vez que me acerqué a la música, porque siento que siempre ha sido como muy parte de mí.

Pero tengo memoria de ser chica, con guitarra de plástico haciéndome la que cantaba, viendo videos de artistas que me gustaban en la tele, siempre queriendo ser artista.
Y ya cuando fui un poquito más grande me encontré con el canto, con la guitarra, también tuve un tiempo tocando batería en el colegio. De a poquito iba mezclando todo lo que me gustaba: la literatura, los libros, la poesía con lo que era la música.
Mencionas que las canciones del EP fueron creadas en tu dormitorio, guitarra en mano. ¿Qué representa para ti ese espacio íntimo a la hora de componer, de crear?
Siempre me gusta que las canciones sean de formas distintas en verdad, pero la mayoría de mis canciones parten de mi pieza, de mi guitarra.
Constantemente estoy escribiendo en mi diario, entonces siento que esa intimidad de que las canciones nazcan desde ahí, desde la guitarra, les da un color un poquito más íntimo, más confesional. Creo que ese es el valor agregado que tiene partir desde ahí y que después tomen el rumbo que tengan que tomar.
Mencionas que este disco (lo que deja la arena, «2026») es una versión tuya mucho más madura. ¿En qué momento del proceso creativo te diste cuenta que estabas componiendo desde otro lugar de lo emocional?
Siento que desde el principio me lo tomé de forma distinta a como me había tomado mis proyectos anteriores.
Creo que con el EP fue mucho más de ir jugando, probando, haciendo todo muy libre y lo que se me diera la gana, ir descubriendo un poco en el camino.

Este proceso del disco fue un poquito más deliberado, como de sentarse al principio a definir qué era lo que yo quería, qué historia quería contar, cómo la iba a contar, quiénes iban a ser mis referentes.
Fue todo un poquito más,no sé si metódico, porque las canciones igual son honestas y al final es lo que yo quería hacer y lo que yo sentía en el momento, pero sí estaban las bases claras de cuáles eran las referencias y cuál iba a ser el estilo del disco desde el comienzo.
El proceso de abrirse y mostrar esa fragilidad al mundo. ¿Cómo lidias con ese proceso o es natural para ti?
Las canciones son cosas que sí o sí por necesidad necesito sacar de mí. A veces me pasan demasiadas cosas por la cabeza, entonces siento que las canciones necesitan salir, aunque a veces nunca vean la luz.

Siento que yo necesito sacarlas de mi cuerpo para depurar y canalizar todas las cosas que estoy sintiendo. Es un poco parte de ser artista, mostrar este lado un poquito más vulnerable.
Me gusta igual saber que no me estoy mintiendo a mí misma ni que le estoy mintiendo a la gente al escribir canciones que no buscan vender ni que busquen conectar de forma forzosa, sino que nacen desde la honestidad y siento que esa honestidad es lo que conecta con la gente.
El título «lo que deja la arena» es muy evocador. Pero, ¿qué deja la arena en tu caso? ¿Qué quedó después de que pasó la ola?
Me di cuenta de lo que era realmente importante.

Tuve hace un tiempo un proceso de mirar mucho hacia afuera, mirar en lo externo, qué era lo que estaba haciendo la otra gente, qué estaban haciendo mis pares, qué estaban estudiando.
Mirar mucho hacia afuera, compararme, sentir que quizás había gente que estaba más avanzada que yo en algunas cosas. Esta comparación constante de también las redes sociales y lo que significa estar un poco expuesto, los números, qué es al final lo que mide el éxito.
Siento que este proceso del disco fue mucho de descubrirme, de saber qué era lo que me gustaba, de saber también cómo dar mi opinión y que se hiciera valer. Confiar en lo que yo también tengo para decir.
Esa fue un poco la búsqueda y darme cuenta que en verdad lo que queda en esencia es lo que cada uno trae dentro, confiar en esa voz interior, confiar en esa narrativa que quieres contar, confiar en tu propia historia y dejar de mirar hacia fuera.
Nombras a Mon Laferte como una referente para ti y este disco fue mezclado por el ingeniero de sonido de ella («SEIS», 2021). ¿Qué de su propuesta artística crees o sientes que resuena en tu disco?
Hay distintas formas de hacer música, en especial ahora con lo moderno y la digitalización de todo. Ahora puedes partir, por ejemplo, de un beat de YouTube, un beat prehecho y sobre eso hacer melodías.
Para este disco fue prioridad la instrumentación, que todo fuera súper «tocado». Dentro de que igual hay hartas cosas digitales obviamente, sí fue premisa partir desde lo instrumental, partir desde el instrumento con guitarra en mano o partir desde un piano, que la canción se sostuviera por sí sola con un solo instrumento y voz sin depender de la producción para que la canción se sustentara.

Eso es algo que tienen mucho las canciones de Mon, que son canciones que tú podrías tocarlas solo con la guitarra y se sustentan y tienen como un cuerpo. Esa fue una de las premisas que decidimos hacer cuando empezamos el disco.
Tus canciones hablan de amor, de la pérdida, las reflexiones existencialistas frente a esos temas. ¿Cómo y cuándo decides qué historias personales se convierten en canciones y cuáles guardar para ti?
La mayoría se convierten en canciones, no sé si todas ven la luz. Siento que hay historias que son un poquito más difíciles de contar y esas son canciones que a veces son medias difíciles de escribir.
Al final hay que ser cuidadoso, cómo cuidar una historia y que no se tergiverse.

Me gusta tener mucho cuidado con las palabras y darles bien una vuelta para que sean súper específicas y que representen realmente lo que quiero decir o lo que siento.
Abriste para Lasso en el Movistar Arena (2025). ¿Cómo fue pararte en un escenario con esa magnitud y gente?
Fue heavy. Era el escenario más grande que he tocado hasta el momento. También fue con súper poco tiempo de anticipación, nos avisaron 48 horas antes, súper encima.
Siento que eso es lo positivo de tener un equipo tan consolidado y personas en las que confío tanto dentro de mi proyecto, que pudimos sacarlo en tiempo récord.
Confiaba plenamente en que cada uno estaba haciendo su pega increíble y que iba a salir lo mejor que podíamos dentro de lo que teníamos y el tiempo que teníamos de preparación, porque cada uno hace muy bien su trabajo y confío mucho en ellos, en mi equipo. Son parte de mi familia.
Fue hermoso. Siento que el público de Lasso se acerca harto a mi público. Entonces fue súper lindo el recibimiento, a la gente le encantaron las canciones.
Volviendo atrás, cuando estabas componiendo el EP, ¿qué le dirías a esa versión de ti sobre lo que vendría después, de lo que está pasando ahora?
Le diría que confíe en ella, que todo va a salir bien, que no se acelere tanto por el futuro, las expectativas o que todo salga súper rápido.
Que disfrute el momento presente, que tiene el lujo y el privilegio de poder estar haciendo lo que más ama y que aproveche cada segundo, que no se le pasen los momentos por estar con la cabeza en el futuro y con ansiedad.
Y hablando de confianza, ¿te ha llegado a pasar que has tenido que lidiar con el síndrome del impostor?
Sí, mucho. Todavía me pasa harto de que me cuesta confiar en mi voz o en lo que hago.
A veces llega alguien con mucha experiencia o con años en la industria que te da un consejo, siempre desde un lugar de lo que ellos conocen y te quieren ayudar.
Hay muchas opiniones muy distintas de mucha gente, opinan cosas distintas de ti y te dicen: «No, tú tienes que hacer esto, tú tienes que hacer esto otro«.
Al final eso siento que me fue mareando un poco, como intentar satisfacer a todo el mundo por no escucharme a mí misma.
El disco es un cierre de una etapa y sé que está recién lanzado, pero ¿qué esperas para ti y tu carrera este 2026?
Quiero disfrutarme el disco. También siento que he estado tan encerrada en este proceso de crearlo y de armar un universo y un imaginario narrativo creativo, que es momento de escucharme, de volver a mí, de saber en qué etapa estoy ahora.
Siento que cuando te embarcas en un proceso de un disco o un EP o un proyecto así un poquito más largo, es volver a mirar hacia adentro, y es un trabajo interno largo de saber en qué etapa estás ahora, qué historia quieres contar, para dónde va la cosa.
Entonces quizás tomarse un tiempito, aunque no sea tan largo, para descubrir.

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