El cuarteto libera un primer álbum tenso, emocional y vulnerable, donde el emo, el rock alternativo y la introspección se mezclan en un relato sobre depresión, encierro y la búsqueda de una salida.
«Cautiverio«, el debut de Mi Inútil Narval, es un retrato crudo de la tristeza y el encierro emocional, pero también del impulso (torpe, lento, pero presente) de querer salir de ahí.
Un álbum que, desde sus guitarras y un ánimo permanentemente a contraluz, muestra a la como un proyecto urgente y honesto.
Grabado en Royal Studios bajo la producción de Jurel Sónico y masterizado por Jack Endino en Seattle, el disco se despliega como una colección de canciones sin ornamentos: directas, abrasivas y con una sensibilidad emo que mira de frente la depresión sin romantizarla.
“Es un estado depresivo en el que están las ganas de salir, pero cuesta”, cuenta el grupo, y esa tensión se siente en cada rincón del álbum.
La carátula empuja aún más esa lectura: un espacio abierto, casi cósmico, que funciona como portal de fuga mientras un pequeño monstruo (“un patito feo”, como lo llaman ellos) encarna la fragilidad que se intenta proteger.
Con influencias que atraviesan el emo de los 2000, el rock alternativo y guiños a escenas más luminosas como el midwest emo o ciertos matices del rock japonés.

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