En su primer EP, la artista penquista transformó deseo, misterio y sensibilidad en una declaración de identidad femenina dentro del urbano, con un sonido plug íntimo y atmosférico.
La historia de Akaariana nació entre velas rojas, tarot y una intuición que ardía sola. Akaari, una de las voces emergentes del Biobío, presentó su primer EP como un acto de poder, ternura y convicción creativa: un espacio donde la sensualidad dejó de ser mirada ajena para convertirse en territorio propio.
Con un imaginario de simbolismos y un sonido que se movió desde lo introspectivo hasta lo emocional.
Grabado, mezclado y masterizado por Canales, Akaariana fue el resultado de un proceso íntimo, cuidadoso y colaborativo. Las canciones, moldeadas desde la sensibilidad del estilo plug, fluían como estados emocionales que se respondían entre sí: momentos de introspección que se abrían paso hacia el deseo, hacia la autoconfianza.
La portada (concebida junto a su círculo cercano) operó en esa misma dirección: un manifiesto visual donde la frase “Del misterio nace mi fuerza, del deseo la verdad” se convirtió en columna vertebral del proyecto.
La artista tomó como referente a figuras como Cazzu, pero apuntó más allá: levantar una narrativa donde la mujer pudiera hablar de su propio deseo sin filtros.
“Estamos normalizados a que los hombres hablen de la sexualidad de la mujer, pero es poco común que la mujer hable de lo que ella quiere, de lo que desea”, dijo entonces.
La maternidad también marcó el pulso de esta nueva etapa. Lejos de frenarla, se convirtió en combustible creativo y emocional: “Ser mamá no me detuvo, me impulsó. Me enseñó a creer más en mí y a mantener mis sueños vivos”.
Con el estreno del videoclip “Trátame Cutee”, dirigido por Benjamín Salazar, el universo del EP sumó una capa visual. Rojo, fuego, símbolos y gestos que dialogaban con el misterio que atraviesa toda la obra, delineando un imaginario donde lo sensual y lo espiritual conviven en un mismo plano, como si cada escena fuera la revelación de un arcano.
Akaari ya abrió la puerta a un universo propio. Uno que respira sensualidad, empoderamiento y verdad.

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