Matalascallando apareció en 2018 en la escena independiente peruana con una lógica distinta a la habitual. Mientras otros proyectos se consolidaban tocando en bares y festivales, este eligió el registro como territorio principal. Sus primeras canciones circularon exclusivamente en plataformas digitales, trazando una ruta discreta que terminó llamando la atención en 2023 con un debut celebrado por la crítica. Hoy, con su nuevo álbum Fim de férias, el proyecto reafirma esa identidad de estudio, un espacio donde las canciones crecen al margen de la presión del escenario y adquieren la forma de un diario íntimo compartido en privado.
Esa condición marca también la experiencia de escucha. El EP se percibe como un retrato que vive en auriculares, con guitarras cercanas y voces tratadas para dar sensación de proximidad. La mezcla de Diego Samos potencia esa estética doméstica, transformando lo que pudo sonar rudimentario en una textura envolvente. El arte de Rubén Leite prolonga la misma idea: ilustraciones que evocan recuerdos y emociones fugaces, como si fueran páginas arrancadas de un cuaderno personal. En conjunto, la obra parece pensada para reproducirse en espacios pequeños, incluso en soledad, donde el oyente asume el papel de público silencioso.
Esa ausencia de escenario plantea un debate interesante. Sin interacción frecuente con la gente, la música gana detalle, control y un carácter introspectivo difícil de sostener en la agitación de un concierto. Pero también se pierde el choque inmediato, la improvisación y la construcción colectiva de una atmósfera. Para compensar esa distancia, Matalascallando recurre a videos y reels que documentan versiones íntimas de las canciones, como si buscara simular un encuentro en directo sin abandonar la seguridad del estudio.
El reto futuro estará en imaginar cómo Fim de férias podría transformarse sobre un escenario. Una lectura acústica llevaría las piezas hacia un tono confesional, mientras que una adaptación con banda completa permitiría amplificar las capas lo-fi hasta volverlas expansivas. En cualquiera de esos formatos, lo que quedaría en juego es la traducción de un lenguaje diseñado para la intimidad hacia una experiencia compartida. Esa tensión entre lo privado y lo colectivo es, en el fondo, la esencia del proyecto: música que se abre paso a través de grabaciones, dejando la incógnita de cómo sonará cuando finalmente respire frente a un público real.
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