El nuevo sencillo de De La Kaye, FOMO, llega desde Lima con una energía que conecta de inmediato con sensibilidades que atraviesan fronteras. Quien haya seguido la evolución de la música independiente latinoamericana reconoce un deseo extendido en la última década, escapar del molde anglosajón y recuperar raíces locales para reinventarlas en clave contemporánea. El sexteto peruano se mueve en esa línea con una naturalidad que evita el artificio decorativo. En su propuesta conviven la herencia afrocaribeña, la cadencia salsera, las huellas del reggae y la fuerza de la cumbia, todo reordenado con la lógica de una banda pop que entiende la canción como un espacio de exploración abierta.
Lo interesante en FOMO es que este cruce se manifiesta como un repliegue hacia la vulnerabilidad. La agrupación apuesta por la intimidad de una grabación nocturna, donde cada elemento parece calibrado para sostener el mensaje central, la tensión de ser artista en un entorno que exige visibilidad constante. La percusión funciona más como latido que como motor festivo y las guitarras se deslizan con suavidad, dejando espacio para que la voz cargue con el peso emocional. Este planteamiento recuerda que los ritmos populares de América Latina han servido tanto para celebrar como para guardar memoria de lucha y resistencia.
En Chile esa lectura resulta familiar. Bandas y solistas han transitado caminos similares, buscando puntos de encuentro entre identidad y contemporaneidad, entre calle y escenario. La música de De La Kaye transmite la sensación de que en Lima, Santiago o Valparaíso se vive un dilema parecido, cómo sostener proyectos que se atreven a pensar la mezcla sin caer en caricatura. La conexión está en esa voluntad de explorar territorios rítmicos sin miedo a perder el hilo melódico, confiando en que el oyente sabrá interpretar esas capas de sentido.
FOMO se presenta entonces como una postal de un presente compartido. Un recordatorio de que en distintos rincones de la región se gesta una corriente que rehúye de las fronteras estilísticas y decide hablar desde la vulnerabilidad. De La Kaye transmite que la música no necesita camuflar su origen para dialogar con lo global, y que el pop puede ser tan mestizo como la historia misma de Latinoamérica. Tal vez por eso este sencillo resulta cercano al escucharlo desde Chile, porque en sus texturas aparece la misma necesidad de seguir reinventando lo popular desde dentro.
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