Con un disco homónimo, la banda chileno-colombiana propone un cruce entre salsa, nu-disco, dance pop y electrónica europea.
El primer disco de Bodega Club, homónimo, se instala como una declaración política y sonora: ocho canciones que mezclan fiesta, romance y fuerza latinoamericana bajo un mismo pulso bailable.
“Queríamos hacer un disco porque sentimos que era importante construir algo cohesivo. Ir en contra del vértigo de la industria también es una forma de posicionarse”, explican.
La propuesta vibra con contrabajo acústico, sintetizadores, samples y capas de voces que sostienen un sonido enérgico, fresco y alternativo, donde lo emocional convive con lo bailable.
Aunque no fue planificado, el amor se convirtió en el eje temático. Relaciones, encuentros y despedidas se entrelazan con la fiesta como un personaje más, siempre presente en la energía urgente de las canciones.
Valparaíso, ciudad donde gran parte de la banda se ha formado, también permea la identidad del proyecto. “Las canciones más frenéticas son puro Valpo: ese caos de micros, troles, afters y puntos de foco. Es como entrar a un club o un after de Valparaíso”, confiesan.
Con un feat junto a Girasole y siete de sus ocho tracks en español, Bodega Club es música para mover el cuerpo y pensar al mismo tiempo.

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