La banda regresa al punk con un tercer disco más rabioso, honesto y maduro, producido por Víctor Muñoz.
¿Cuántas inocencias se pierden en el camino? Paracaidistas parece tener clara al menos una: la de la primera juventud. Con diez años de trayectoria y un sólido recorrido por escenarios chilenos e internacionales, la banda deja atrás el twee pop y las texturas más suaves para volver a la crudeza del punk, pero esta vez desde un lugar más consciente y afilado.
«El Fin de la Inocencia» reúne 11 tracks donde la rabia convive con la ternura, y el ruido se abre espacio entre capas de fuzz, trompetas y violines.
Es un trabajo que habla de crecer, asumir el paso del tiempo y enfrentarse a las dudas que persisten a cualquier edad: tener un trabajo, vivir con incertidumbre, cuestionar cada acto. “Es un círculo que termina y empieza con lo que nos hizo partir: algo simple, rabioso y con una gran cuota de ternura”, dicen.
La producción de Víctor Muñoz (Niños del Cerro, Playa Gótica, Asia Menor) llevó al grupo a grabar toda la banda al mismo tiempo, logrando capturar la energía en crudo.
El resultado es un disco más directo, urgente y compacto, que amplifica la conexión entre la sensibilidad y la rabia como fuerzas complementarias.
En lo visual, la portada y estética del álbum dialogan con el espíritu del título: una despedida simbólica a los años de inocencia, para sumergirse en aguas más densas, complejas y turbias, pero también más ricas en experiencia.
La banda presentará «El Fin de la Inocencia» en una serie de conciertos a partir de septiembre, con fechas tanto en Chile como en el extranjero.

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