Nicolás Duarte estrena el videoclip de ‘Levitar Caer’ y recrea el peso invisible de la ansiedad

¿Cómo se representa un ataque de pánico sin caer en caricaturas? ¿Cómo se le pone cara al nudo que te cierra el pecho mientras el mundo se aleja? El músico peruano Nicolás Duarte, conocido por su trabajo en bandas como Cuchillazo y La Mente, se hace estas preguntas sin responderlas con palabras. En lugar de eso, entrega el videoclip de Levitar Caer, un adelanto de su próximo disco solista, donde el terror cotidiano se convierte en una experiencia onírica. Un mimo atrapado en una nave oxidada. Un ciervo negro con rostro de esfinge. Espacios abandonados que podrían ser ruinas internas. No hay explicación clara. Y ese es el punto.

Duarte no decora el dolor. Lo empuja hasta que se vuelve absurdo, pero reconocible. La canción nació dividida en dos etapas: una marcada por la muerte de su padrastro, la otra por la necesidad de continuar. Entre ambas, la ansiedad como lenguaje. Y en medio de todo, un accidente: una frase mal dicha en el estudio —“levitar caer” en lugar de “evitar caer”— que abrió un túnel por donde se filtró todo el concepto. A veces lo que parecía un error es la puerta correcta. A veces el cuerpo flota justo antes de estrellarse.

La dirección del videoclip —a cargo de Marco Arauco y Javier Lima— evita lo obvio. Nada en pantalla grita “angustia” pero todo la respira. El mimo no actúa, arrastra los pies. El lugar no amenaza, simplemente se niega a vivir. Los símbolos no ilustran, flotan. Y entre ese mar de imágenes dislocadas, una idea comienza a volverse clara: lo que duele, no siempre se entiende. A veces solo se siente. Y si se puede compartir, aunque sea en forma de canción, entonces algo se sostiene.

La etapa solista de Nicolás Duarte parece no deberle nada a sus trabajos previos. No se explica por contraste con sus bandas. Tiene su propio ritmo, sus propias obsesiones, su propio ruido. Desde Lima, viene haciendo discos con una frecuencia inusual para el estándar regional, y ninguno de ellos se siente acomodado. Levitar Caer confirma esa línea: composiciones que no intentan agradar, pero que saben llegar. Es música pensada desde la herida, no desde la pose.

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