En esta entrevista, Lucía Masnatta, guitarrista y vocalista, habla de su conexión con Chile, la magia de sus shows y por qué su música es un refugio contra la presión de «estar siempre felices».
El post-rock argentino tiene un nombre propio: Fin del Mundo. Con integrantes de Buenos Aires, Chubut y Tierra del Fuego, la banda ha logrado un sonido único, donde el shoegaze se funde con dream pop y hardcore, creando atmósferas que resuenan desde el sur del continente hasta escenarios como KEXP y giras europeas.
Ahora, regresan a Chile para presentar “Hicimos Crecer un Bosque”, su último álbum, en dos fechas imperdibles: Santiago (27/06) y Valparaíso (28/06), junto a La Ciencia Simple y Marineros.
Más que una banda, Fin del Mundo es una experiencia colectiva. En vivo, sus canciones se transforman en rituales de catharsis, donde el público grita, canta y se abraza a la música como si fuera un salvavidas.

En esta entrevista, Lucía Masnatta revela cómo construyen esa magia, por qué Chile les robó el corazón (y los completos vegetarianos), y cómo su música desafía el mandato de la felicidad perpetua. «Queremos que la gente se sienta acompañada«, dice. Y si que lo logran.
Su música tiene un sonido atmosférico y emotivo. ¿Cómo surgió la idea de mezclar post-rock y shoegaze con raíces tan diversas (Buenos Aires, Chubut, Tierra del Fuego)? ¿Qué elementos de sus lugares de origen llevan a su música?
En realidad, cada una de nosotras tiene gustos musicales similares, pero cada una tiene su propio énfasis en ciertos estilos.
Por ejemplo, a Julie le gusta más el post-rock, a mí me atrae el dream pop, y a las otras chicas les apasionan géneros como el emo, hardcore o math rock.
Hay un montón de influencias que nos gustan a todas, y no queremos privarnos de experimentar con ellas. La idea es no limitarnos a un solo estilo, sino hacer la música que realmente nos emociona.
Hablan de «corporizar» las canciones en vivo. ¿Cómo transforman sus temas en experiencias multisensoriales? ¿Qué rol juega la improvisación o la conexión con el público?
La conexión con el público en nuestros shows es fundamental. Hay canciones, como “El Próximo Verano”, que tienen un coro donde todos gritamos, y es clave que el público también lo haga.
Nos encanta cuando la gente canta nuestras canciones. Es una sensación increíble viajar a otro país y ver cómo el público las siente y las vive con nosotras. Eso es algo realmente espectacular.
Además, el show es muy distinto a escuchar la música editada: le ponemos toda nuestra energía y siempre intentamos dar lo mejor para crear una experiencia de comunión entre artistas y público.

Han tocado en KEXP, giras por Europa y ahora vuelven a Chile. ¿Qué ha sido lo más valioso de construir una carrera independiente? ¿Y lo más difícil?
Lo más difícil, sin duda, es encontrar a las personas adecuadas para formar un equipo: que todos compartamos la misma visión, tengamos el tiempo disponible y las ganas de comprometernos. Construir un proyecto independiente requiere de mucha sintonía y dedicación, y eso puede ser un verdadero desafío.
Lo más valioso es todo lo que cosechamos cuando damos lo mejor de nosotras. Nosotras ponemos mucha garra y corazón en cada paso, y eso se traduce en historias hermosas que la gente nos comparte: cómo descubrieron nuestra música, cómo las canciones los acompañan.
Es increíble poder conectar con personas que están geográficamente lejos, pero que a través de la música encuentran un espacio común. Eso no tiene precio.
Chile y Argentina tienen escenas indie muy conectadas. ¿Qué diferencias o similitudes ven entre ambos países al presentarse en vivo?
Particularmente, creo que Chile tiene una escena muy fuerte, lo cual es increíble. Tienen una historia de lucha muy linda, tanto social como musical, y eso nos parece sumamente valioso.
Por otro lado, también vemos muchas similitudes con la escena argentina. Compartimos gustos musicales y, al tocar en vivo, notamos que somos bastante parecidos: nos gusta gritar, cantar y sentir la música con todo el cuerpo.
Al final del día, creo que hay más puntos en común que diferencias entre ambos públicos.

Su música invita a la introspección colectiva. ¿Qué esperan que el público sienta o reflexione después de sus shows?
Lo más importante para nosotras – especialmente en el mundo actual – es que el público sienta que no está solo. Que somos muchos, que está bien expresar lo que uno siente, y que es valioso sentirse acompañado.
Hoy existe esta presión constante de tener que estar felices y productivos todo el tiempo. Pero la música de Fin del Mundo va por otro camino: busca ser más sensible, más humana. Invita a conectar con uno mismo, porque solo así podemos conectar verdaderamente con los demás.
¿Alguna anécdota memorable de sus visitas anteriores a Chile?
Cada vez que vamos a Chile, nuestros amigos de La Ciencia Simple nos reciben con completos. Es algo que ya se volvió tradición. Lo más especial es que, aunque dos de nosotras somos vegetarianas, ellos siempre se encargan de conseguirnos salchichas vegetarianas, lo cual es muy tierno de su parte.
Chile siempre nos deja momentos memorables. Hemos visitado lugares increíbles como el Museo de la Memoria, nos hemos reencontrado con amigos como los de Viva Belgrado (banda española), y hemos descubierto grupos excelentes. Siempre que tenemos tiempo, nos encanta ir a ver shows.
Nos encanta la cultura chilena – su escena musical y su historia de lucha.


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